¿Afecta el estrés en la fertilidad masculina y femenina?

Aunque resulta innegable que el estrés y la infertilidad coexisten, el impacto psicológico de desear tener hijos y no poder es muchas veces pasado por alto en un tratamiento de reproducción asistida.

Estres fertilidad

Existe consenso en definir el estrés como una experiencia altamente subjetiva que afecta a las personas a nivel físico, fisiológico y psicológico de formas muy complejas y variadas. Y, como en otros aspectos de la vida, no afecta a todas las personas por igual. Depende del género, edad, tipo de infertilidad, personalidad, estrategias de afrontamiento, número de tratamientos recibidos, presencia o no de otros hijos, y abortos de repetición, entre otros aspectos a tener en cuenta.

Aunque no hay resultados concluyentes acerca de la relación entre infertilidad y estrés, resulta innegable que el estrés y la infertilidad coexisten, especialmente si provoca un deterioro en las relaciones sexuales o en la ovulación, o como consecuencia del diagnóstico de infertilidad. Sin embargo, el impacto psicológico de desear tener hijos y no poder, es muchas veces pasado por alto.

Numerosos estudios enfatizan que es la mujer quien vive la infertilidad de forma más estresante que el varón. Entre otras cosas, por la mayor presión social ejercida para que sea madre cuando el embarazo no ocurre, y por mayores sentimientos de pérdida de control sobre su capacidad reproductiva en relación a los varones. El hecho de que la mujer pueda verse más afectada que el varón, no quiere decir que en él la infertilidad no ejerza su impacto. En lo que a estrés emocional se refiere, la infertilidad afecta especialmente cuando es de etiología masculina, pues fruto de la tensión y malestar que genera puede repercutir en su autoestima.

En este sentido, resulta complicado identificar y separar los mecanismos del estrés que afectan a la fertilidad. Mientras que en el caso del hombre se asocia al conteo de espermatozoides, en el caso de la mujer se asocia a interferencias en el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal y ovárico. Además, se sabe que el estrés puede reducir la fertilidad como consecuencia del estilo de vida actual, y cada vez más estudios apoyan la asociación que existe entre factores psicológicos, experiencias vitales estresantes y cambios en la función neuroendocrina e inmunológica.

Si la situación es de larga duración, si el estrés se mantiene en el tiempo e implica decisiones importantes, puede llegar incluso a cronificarse, y puede provocar consecuencias físicas y psicológicas tales como agotamiento psicológico, alteración emocional, deterioro físico, e incluso alteraciones reproductivas, observándose, en el caso de la mujer: disminución de la calidad ovocitaria, como consecuencia de los cambios del ambiente folicular inducidos por hormonas del estrés, trastornos de ovulación que pueden acabar causando la ausencia de ésta, menor probabilidad de concebir, reducción de las defensas del sistema inmune y, por tanto, menor tasa de implantación.

Por su parte, respecto a la fertilidad del varón, existe cada vez más evidencia de que la calidad del semen se ve afectada por el estrés psicológico, reduciendo así la presencia de hormona luteinizante (LH) y testosterona, afectando la espermatogénesis. El interés por los hábitos de vida modificables va en aumento, por el papel crucial que desempeñan en este ámbito.

Por tanto, se encuentran entre las funciones de la Psicología Reproductiva, aportar estrategias individualizadas para abordar el estrés que puede contribuir directa o indirectamente sobre la fertilidad, idealmente desde el primer momento, para valorarlo y rebajarlo antes de iniciar el tratamiento.

Ana Balsalobre Psicóloga Unidad de Psicología de Ginemed Murcia

Ana Balsalobre
Psicóloga
Unidad de Psicología de Ginemed Murcia

 

 

 

 

 

 

 

 

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